viernes, 6 de agosto de 2010

MARATONA DE LOS DOLOMITAS. Corvara in Badia. (Italia). 04-07-10


“Que me maten si hoy tengo ganas de pedalear”.
Con ese pensamiento me he levantado por la mañana. Durante mi trayectoria ciclista han sido muchos los madrugones que he tenido que pegarme para ir a entrenar, o para ir a correr una marcha, pero el madrugón de hoy me ha dejado marcado. Quizás se ha debido a que llevamos una semana intensa subiendo puertos y el cansancio va haciendo mella en el cuerpo y lo que nos pide ahora es dormir y descansar.

4.30 a.m. suena el despertador, pero nadie tiene ganas de levantarse.
Hoy tocaba madrugar bastante, a pesar de estar solamente a apenas 10 km. del lugar de salida de la marcha, pero la salida se efectuaba a las 6.30 y las carreteras las cerraban al tráfico a las 5.30 por lo que teníamos que madrugar bastante para poder llegar hasta Corvara con la furgoneta.
Al rato se hace inevitable el tener que levantarse y poco a poco nos vamos todos poniendo en función. Tratamos de comer algo, pero a esas horas no entra nada en el cuerpo, así que pasé un poco del tema, y puesto que hoy no íbamos a ir en plan competitivo, no desayuné casi nada y salí a la marcha con la intención de “abordar” los avituallamientos en carrera. Incluso salí sin comida en los bolsillos y solamente me eché un par de plátanos en el maillot para matar el gusanillo los instantes previos al salir a la marcha.

Amanecer en Corvara, con el majestuoso Sassongher, de 2.665 mt. de altitud presidiendo la zona

A las 5.30, con los primeras luces del alba llegamos a Corvara y el ambiente ciclista ya es tremendo. Fabio, que no participa en la marcha, se quedó sobando la mona en el apartamento. Poco a gusto se tuvo que quedar, durmiendo plácidamente y nosotros pasando sueño, frío y miseria los instantes previos a la marcha. Poco a poco se va llenando la zona de coches y de ciclistas, y el ambiente se va animando. La palabra desidia puede definir a la perfección lo que yo sentía en esos instantes. Recuerdo que fue salir de la furgoneta y notar el frío intenso que hacía, y pensé: “juro que hoy no corro la marcha”, xDD. Yo creo que los demás estaban igual que yo. Joaquin me confesó que a él le pasaba lo mismo, y que bastaba que alguien propusiera el irse al apartamento a dormir para irse con él. En poco tiempo tenemos las bicis preparadas y nos dirigimos hacia el lugar donde estaba nuestro cajón de salida, el “Wasteiner”, situado en la población de La Villa, a unos 5 km. de Corvara.


De izquierda a derecha, Ferni, Carlos, Joaqui, Peri y Fran.
Mucho frío a esas horas de la mañana y pocas ganas de correr la marcha.



6.30 a.m. La Villa, lugar de partida de la Maratona. Instantes previos a la salida.


A pesar de ir abrigado con el chubasquero, pasé una rasca tremenda en el trayecto para ir a la salida. Una vez allí, nos tocó esperar un buen rato a que dieran la salida. A eso de las 6.45 comienza a moverse un poco el pelotón y vamos avanzando algo, pero más adelante se vuelve a parar y tenemos que esperar un rato más parados, y a eso de las 6.50 comienza a moverse ya de verdad el gran grupo, y al fin, nos ponemos en marcha. Frío, mucho frío el que pasé durante el inicio de la marcha. Tanto frío llevaba encima que el primer puerto lo subí con el chubarquero puesto, como hiciera Fabio en la Larrau de 2007, y no me lo quité hasta llegar al segundo puerto. Los primeros kilómetros son en falso llano ascendente hasta llegar a Corvara, donde se inicia la primera subida del día, el Campolongo, de unos 5 km. y no muy duros. Durante el primer puerto el pelotón va muy agrupado y apenas se puede avanzar cómodamente, por lo que hay que limitarse a seguir a los que van delante. El primer puerto se me pasó bastante rápido, quizás porque era bastante tendido y corto.



Primera pasada por el Passo Campolongo


Coronamos todos juntos el primer puerto y nos tiramos en descenso hacia Arabba. Durante el descenso ví el primer accidente de la marcha. En una curva de herradura había una ambulancia parada asistiendo a un ciclista que estaba en el suelo y que había sufrido una caída. Hoy había que estar muy atento en todo momento porque el rodar con un pelotón tan numeroso entraña sus riesgos y la posibilidad de algún enganchón o percance es alta. Terminado el descenso de Campolongo, al llegar a Arabba, me apeo a un lado para quitarme el chubasquero y esperar al resto de la grupeta. Tras reagruparnos todos , menos Fernando, que no se percató de que habíamos parado y siguió por delante, iniciamos juntos el ascenso al Podoi por su vertiente que parte desde Arabba.. Resultaba espectacular mirar hacia arriba, a la parte alta del puerto siguiendo el trazado de la carretera y ver el largo pelotón que componía la marcha. Incluso habiendo subido parte del puerto, al mirar hacia atrás, al fondo del valle todavía se veía la larga serpiente ciclista.



Larguísimo pelotón durante la subida al Pordoi


Subiendo el Pordoi, la anécdota la puso un corredor italiano, llamado Massimo Tintori (lo ponía en su dorsal), el cual nos adelantó chapurreando unas palabras en Italiano (como si estuviera diciéndonos “apartaté que estorbas” , xDDD, y todo eso con decenas de millones de ciclistas que todavía quedaban por delante suyo, xDD, así que el personaje bajó coronas y nos pegó una pasada para unos 10 mt. más adelante quedarse estancado en su intento de progresar en el pelotón. ¡Vaya un figura! El Pordoi se me pasó también bastante rápido, a pesar de subir bastante despacio, pero entre lo bonito del puerto y las risas que íbamos echando el rato se pasó muy ameno.



Subiedo el Pordoi. El pelotón se estira más y más.



Joaquín en el tramo final del Pordoi


Coronamos el Pordoi, y en la cima estaba Fernando esperándonos. Tras reagruparnos nos tiramos hacia abajo para descender el Pordoi, camino del tercer puerto de la jornada, el Passo Sella. Y ahí cometí un error de novato, imperdonable, y fue que no me abrigué nada y bajé el Pordoi a pelo, sin manguitos y sin chubasquero. La verdad es que pensaba que no iba a ser necesario, por que la bajada por esta vertiente iba a ser muy corta, porque a penas a 5 km. daba comienzo el siguiente puerto y pensé que no lo necesitaría, pero a las 8 de la mañana a 2100 mt. de altura hace bastante frío, acentuado más si cabe por la sombría de esta vertiente en la que a estas horas no pega nada el sol. Incluso había algo de neblina en el ambiente por el intenso frío que hacía, así que casi cojo una hipotermia. Afortunadamente el descenso duró poco y antes de iniciar la subida al Sella había un avituallamiento, el primero de la jornada, en el que decidí parar a desayunar porque llevaba desde las 4.30 de la mañana sin tomar bocado. Tuve la suerte de que también servía té caliente, cosa que me ayudó a entrar en calor. Tras reagruparnos después del breve descenso, continuamos todos juntos esta vez para ascender el Sella. Poco a poco se va levantando el sol y eso hizo que entrara algo en calor. El pelotón todavía continuaba bastante compacto, así que no se podía ir muy rápido y había que llevar cuidado con la gente, pues había algunos que no controlaban mucho el tema y se cruzaban o pegaban frenazos. Incluso un ciclista que venía por detrás remontando, al intentar pasarme quiso abrirse hueco y me empujó con el codo, cosa que hizo que me saliera de la carretera y acabé en la cuneta, aunque por suerte la cosa no fue a mayores y no pasó nada serio. Otra anécdota que recuerdo durante la subida al Sella fue la de la cámara de fotos que había plantada en medio de la carretera, puesta sobre un trípode y rodeada con un chaleco reflectante para que la vieran los corredores. Imagino que tendría un sistema de disparo automático, o eso, o que el fotógrafo se había ido tras algún matorral del borde la carretera a hacer sus necesidades, xDDD.





Parte final de la subida al Passo Sella


Coronamos el Sella con unas vistas impresionantes de los macizos dolomíticos, y esta vez sí que me abrigué para el descenso, porque no quería acabar como antes. Aún así, a pesar de llevar el chubasquero pasé bastante frío. La bajada del Sella, al igual que la del Pordoi me la tomé con calma, porque con un pelotón con tanta gente, toda precaución es poca. Bajando el Sella nuevo incidente de carrera y veo a una ambulancia asistiendo a un ciclista que se ha caído, y un poco más adelante a una ambulancia que está parada con el capó levantado y con el motor reventado y mientras el chófer de la misma estaba llamando por el móvil, el médico estaba asistiendo a un ciclista el cual estaba sentado en el borde la carretera y estaba liado con una manta térmica ( y todo esto en el km. 30 de carrera), dantesco el espectáculo que ofrece una marcha de este calibre.
Tras el descenso del Sella, llegamos al cruce donde se coge la subida al Passo Gardena y allí me espero un rato a que nos reagrupemos. Así subimos el Passo Gardena, inmersos en un pelotón numerosísimo que impedía subir a un ritmo cómodo. Poco antes de la cima estaba el avituallamiento y allí paramos a comer. Yo me metí un buen atracón a bocadillos porque me apetecía comer algo salado, y tantos me comí que el último ya no me entraba y por poco acaba la comida saliendo por donde había entrado, xDD. En el avituallamiento perdemos de vista a Joaquín, que debió despistarse entre la multitud y prosiguió el sólo hacia delante creyendo que ya nos habíamos marchado. Tras buscarlo por allí y no verlo, decidimos continuar.



Coronando el Passo Gardena




Impresionante vista del macizo del grupo Sella desde el Passo Gardena


Descendemos el Passo Gardena y llegamos a Corvara. Durante el descenso me llevé un buen susto porque un corredor que llevaba delante entró pasado en la curva y le derrapó de atrás, aunque por suerte pudo controlar y no pasó nada, pero estuvo a punto de tirarnos a Carlos y a mí. Pasamos por Corvara, por lo que será línea de meta, y paramos para ver si Joaquín viene por detrás, y tras estar un cuarto de hora allí parados y ver que no venía, proseguimos la marcha. Ahora tocaba subir Campolongo por segunda vez, pero ahora, a diferencia de la primera pasada, el pelotón es menos compacto porque ya se ha estirado mucho en los puertos precedentes. Había mucha gente animando el paso de los corredores por Corvara. Muy pintoresco resultó también el ver a gente vestida con los trajes típicos tiroleses. Coronamos juntos Campolongo y en la cima de este había un nuevo punto de avituallamiento en el que encontramos a Joaquín que estaba esperándonos. Según me comentó, se despistó un poco en el avituallamiento del Gardena y nos perdió de vista y pensó que habíamos salido ya, por lo que salió deprisa. Posteriormente vió a un corredor vestido de azul y se creía que era alguno de nosotros, por lo que tensó para engancharlo, y al cogerlo se dio cuenta de que no éramos nosotros.



2ª subida a Campolongo desde Corvara



Grupeta durante la segunda pasada por Campolongo



Avituallamiento en la 2ª pasada por Campolongo. Atestado de gente como puede verse. Toda una odisea el atravesarlo


Tras avituallar (a mí ya me salía la comida y la bebida por las orejas), proseguimos. Ahora toca un tramo largo de descenso hasta iniciar el siguiente puerto duro, el Giau, pero entre medias había que subir una tachuela, el Colle de Santa Lucía. A estas alturas de la marcha , pasado el cruce donde la organización desviaba a los corredores hacia los distintos recorridos (corto, medio y largo), se abrió bastante clareo y los grupos iban más esparcidos, y a partir de aquí ya nos tocó remar a nosotros. Llegamos al inicio del Giau y aquí dimos un recital que pasará a los anales de la historia del ciclismo. Subimos todo el puerto a un ritmo jaquetillo y poco a poco íbamos pasando a corredores. Al principio no nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo, pero conforme pasaban los kilómetros de subida, cada vez adelantábamos a más corredores, y no nos llegó a adelantar ningún corredor, y nos dimos cuenta de que estábamos dando un autentico recital. Carlos y Fernando que eran los que iban más justos aguantaron muy bien el ritmo durante toda la subida y gracias a eso pudimos subir todos juntos formando un solo bloque, dejando boquiabiertos a todos los ciclistas que adelantábamos.



Inicio de la subia al Giau. 9 kms. al 9% de media


En la parte final del Giau, fuimos testigos de una auténtica debacle. Al pasar por un túnel había un montón de corredores parados, sentados en el suelo, con el maillot abierto, tratando de recomponerse, vamos lo que se dice auténticos cadáveres. Un poco más adelante vi a dos ambulancias paradas que estaban asistiendo a varios corredores que habían en la cuneta y uno de ellos llevaba un suero puesto, y otro estaba liado con una manta.
Llegamos al Giau y paramos en el avituallamiento. Esta vez a mí me sobró con rellenar el bidón. Ni que decir tiene que la marcha está muy bien organizada en el tema de los avituallamientos, muy bien repartidos y muy completos en cuanto a lo que ofrecen. El dinero de la inscripción está muy bien invertido sin duda alguna.




Tramo duro en el Giau. Los kilómetros van pesando en las piernas como puede verse en las caras.



Grupeta en el Passo Giau


En el descenso del Giau nos esturreamos un poco. Fernando bajó en cabeza arriesgando más, y a continuación íbamos Joaquín yo enzarzados en un pique. Yo iba bajando bastante rápido y él, en una curva me pegó una pasada por dentro que yo no me la esperaba y a partir de ahí a la salida de las curvas salía esprintando por lo que tuve que tensar para no perderle de rueda. Eso hizo que en el descenso remontáramos bastantes posiciones. He de decir que en los descensos de la marcha, el tráfico estaba cortado para los vehículos, cosas que da una seguridad tremenda a la hora de bajar, pudiendo aprovechar mejor la carretera.
Tras terminar el descenso del Giau, esperamos a que llegaran Peri y Carlos. Ya sólo nos quedaba la última subida, el combinado de Falzarego-Passo Valparola. La subida no era muy dura, pues el puerto era bastante tendido en general. Allí marcamos un nuevo recital y fuimos en bloque los cinco adelantando a decenas de millones de ciclistas. Cerca de coronar, a la altura del Colle de la Gallina que está un poco antes del Passo Falzarego, aflojamos el ritmo un pelín, porque Carlos y Ferni ya iban algo tostados, y la intención era la de acabar todos juntos, y así hicimos. Coronamos el Passo Valparola con mucha tristeza en el cuerpo, al menos por mi parte, ya que esa era la última subida que íbamos a hacer durante el viaje, y aquí se terminaba nuestra andadura por los puertos italianos. El descenso del Valparola me lo tomé al igual que el del Giau, con el objetivo de disfrutarlo al máximo y lanzarme rápido para aprovechar que no hay tráfico. Ferni se tiró para abajo como un loco y me las ví y me las deseé para no perderle de vista porque el tío bajaba muy muy rápido. Tras reagruparnos al final del descenso, enseguida llegamos al pueblo de La Villa, donde se dio la salida a la marcha por la mañana y sólo nos faltaban unos 5 km. de falso llano ascendente para llegar hasta la meta en Corvara. Aquí la relajación fue ya total, sabedores de que la marcha estaba a punto de concluir. Al entrar en la recta de meta, nos pusimos los cinco en paralelo ocupando todo el ancho de la calle para entrar a la vez y el público nos ofreció un gran aplauso, incluso por megafonía, el speaker nos jaleó pronunciando el nombre de uno de nuestros sponsors “Marín”. A mí se me puso la piel de gallina, no sólo por lo bien que me lo he pasado en la marcha, si no por lo genial que ha estado este stage que hemos realizado en tierras italianas. Sin duda alguna recordaré durante toda mi vida con mucha nostalgia lo vivido estos días en este idílico lugar.


Ultima subida de la marcha, el combinado Passo Falzarego-Passo Valparola, y el club dando un recital a lo unísono adelantándo a decenas de millones de ciclistas


Passo Valparola, último kilómetro de subida de la marcha y último kilómetro de subida durante nuestra estancia en Dolomitas.
La tristeza nos invade en esos momentos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen trabajo Fran. Inolvidables recuerdos...